No sabía que vivía en letargo,
Hasta que tus ojos despertaron los míos.
Me arrancaste de la quietud que juraba
sería mi refugio eterno,
un sueño persistente que abrazaría hasta la muerte.
Tu toque, una caricia que aviva las llamas
de mi existencia, me impulsa a permanecer
despierta en un mundo que se revela
como un misterio ante tus ojos.
La vida se despliega ante mí, una sinfonía
de maravillas que antes no apreciaba,
un lienzo pintado con los colores
de tus palabras y gestos.
Porque solo tú, con tu esencia única,
logras penetrar las capas más profundas
de mi ser. Tus ojos, faros resplandecientes,
iluminan los rincones oscuros de mi alma.
Solo contigo, mis ojos encuentran su propósito,
brillando con una luz que solo tú
has encendido en lo más íntimo de mí.
Has llegado como un visitante divino,
abriendo puertas cerradas, desencadenando
un flujo de emociones que fluyen como ríos desbordados.
No necesité construir murallas, porque desde el primer instante,
me hiciste sentir segura en la vulnerabilidad,
una fortaleza construida sobre la base
de tu amor incondicional.
Y anhelo mantener esta vigilia eterna,
explorando los misterios que la vida y el amor ofrecen,
cada día contigo, una epifanía que se despliega
como un poema inacabado, pero lleno de promesas.
Octubre 2017
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