entre lo que siento, lo que sentí, lo que debería sentir y lo que quiero sentir. Porque cuando cierro los ojos, te veo y aprecio tu rostro. Sigue como lo recordaba, con esa cicatriz en tu frente que guarda una historia enterrada junto a todo lo que conservo de ti en mi memoria. Pero algo ha cambiado en ti. Esos ojos, que alguna vez reflejaron todo lo que aspirábamos, ahora me devuelven una mirada café cuando yo recordaba los tuyos azules.
Verlo, tan cerca, tan real y físico, no es solo una idea lejana. Puedo ver el cabello por el que quiero deslizar mis dedos sin tener que imaginar cómo se sentiría. No añorar el futuro incierto ni el resultado de decisiones inconclusas, de objetivos que terminaron siendo tan diferentes. Así estoy, enredada en una maraña de sentimientos distorsionados, entre el bonito recuerdo de ti, de ese fantasma que vive en mi memoria, y la duda de si podré reconocerte al verte. ¿Quedarán siquiera los huesos de lo que fuimos?
Me pregunto si mi corazón volverá a latir como antes, o si ese lugar le pertenece ahora al que mi inconsciente pide a gritos—el que vive en mi mente, al que no logro ni quiero sacar. Es el presente, la emoción de lo nuevo, pero ¿qué pasará cuando ya no sea nuevo? Este sentimiento venenoso que recorre mis venas, que nunca se irá, ¿estoy haciendo lo correcto al pintarlo de rosa?
Llorar. He dado tanto de mí al mundo que siento mis entrañas expuestas, y mis pensamientos, deseos y dudas encapsulados en una bola de cristal para ser criticados o adorados. Huir de lo que siento suena tentador, pero no puedo escapar de lo que corre en mi sangre, de esos ojos, esas sonrisas, esos momentos. Esas personas que, en su momento, fueron perfectas para mí, y yo me moldeé para cada una de ellas. Pero me queda el remordimiento de no ser, de haber dado la mitad de mí a cada quien, y terminar quedándome sin nada. Solo quedan las esquinas y escombros de lo que fui. Alguien ahora con tantas grietas que todo lo que intento sembrar se escapa por ellas.
Pero es una lucha que debería poder tomar por mí misma.
Y aun después de todo, con los meses pasando, dejo de ser yo y me vuelvo nada. 2018
Deja un comentario