En ese bar de fondo rojo tenue,
cuando después de reírte por un chiste de tu amigo,
voltees a tu lado
y mi cara ya no esté ahí.
Estaré, aunque sea distinta
Sin esos lunares que a lo mejor ya no recuerdes.
En los sábados por la mañana,
cuando el olor de los lirios rosas se haya ido,
junto con las ganas de compartir esos momentos
que alguna vez deseamos que fueran realidad.
Estaré en ese segundo antes de abrir la puerta de tu edificio,
cuando te acomodes la blusa y ajustes el fleco que ya no tendrás.
Cuando llegues a casa a las cuatro de la mañana acompañada de alguien,
y tu cuerpo tibio contra otro, entre besos y suspiros,
termine entrelazado como lo hacíamos tu y yo,
y busques entre las sábanas lo que nunca volverá a estar,
el arete perdido, la risa desbordada, el vértigo de amarnos incluso en la incomodidad.
Ahí también estaré. No como interrupción, sino como huella.
Cuando termines cansada del trabajo y alguien ya esté esperándote abajo para salir a relajarse,
y no tengas que esperarme dos horas ni recibirme estresada.
Cuando puedas pasar un fin de semana completo con tu pareja.
Cuando tus amigos y los de ella congenien.
Cuando los mundos se mezclen con facilidad.
Cuando las peleas no se sientan como espirales sin salida
ni como el fin del mundo.
Cuando una discusión no sea sinónimo de despedida.
En el alivio de no tener que contener,
pero también en el espacio vacío que deja lo que alguna vez se sostuvo con fuerza.
Cuando te des cuenta de que ahora las discusiones no tiemblan como terremotos.
Que no se siente que se acaba el mundo.
Que el amor ya no es montaña rusa, pero tampoco incendio.
Cuando el miedo no sea quien guía tu forma de amar.
Cuando todo encaje,
y entiendas que todo esto tuvo que pasar para llegar ahí…
Ahí,
en ese momento,
te acordarás de mí.
De lo que fuimos,
y de lo que no pudimos llegar a ser.
No sé qué pesará más en tu memoria,
si lo vivido o lo pendiente.
Con el tiempo, las líneas se volverán borrosas,
y los recuerdos que hoy se sienten tan vivos
se volverán destellos.
Los momentos serán lápidas,
y la música, fúnebre.
Porque nosotras ya tuvimos un funeral,
aunque nadie lo supiera.
Solo asistieron nuestras versiones del futuro,
la de la boda,
la de nuestro departamento,
la de los hijos,
la de las promesas que no llegaron.
Y ahí duele,
y no duele,
porque nunca fue verdad.
Y no sé qué es peor.
Y cuando ese pensamiento se disuelva como el humo de tu cigarro en ese mismo bar rojo,
solo te voy a pedir una cosa.
Solo en ese instante,
te pido que me recuerdes viva.
A los 23 años.
Como la mujer que te amó
con todo lo que pudo,
y con todo lo que le faltó.
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