No te pedí que te quedaras, y te fuiste.
No sentiste que te quería aquí,
y seguiste tu camino.
Y yo en el mío,
como si nunca hubieran estado destinados a cruzarse.
Pero en noches como esta,
el calor que me hace falta es el tuyo.
El que me acostumbré a sentir durante nueve meses
como si hubiera sido mío desde siempre.
Me revelé ante ti:
imperfecta, odiosa, temerosa.
Como un perro de la calle.
Con el miedo trasminado en odio,
esperando una caricia
y dando una mordida.
Me diste trozos de carne, sin saber que podría estar podrida,
y yo los recibía agradecida,
sin saber que merecía algo más.
Mis colmillos no tenían filo,
pero tú no sabías eso.
O sí.
Y aún así decidiste marcharte.
Espero que puedas ser feliz,
y entiendas que algo tan difícil, tan doloroso,
puede ser señal de que no estaba destinado a ser.
Sin embargo, duele.
Como si lo hubiera estado.
Me hiciste sentir más viva en estos meses
que en cinco años completos.
Gracias por acogerme,
por bañarme,
por darme la confianza de amar y ser amada de nuevo.
Algo que no habría podido hacer sin ti.
En mí, siempre tendrás un perro fiel.
Y lamento haber traído animales muertos a tus pies.
Deja un comentario