Las noches eran frías antes de ti. Frías, pero normales. No había comparación. No sabía que podía sentirse distinto. No sabía que alguien podía alterar mi cuerpo solo con mirarme de cierta manera. Ahora, sin ti, las noches siguen siendo frías, pero ya conozco la diferencia. Y eso es lo que pesa. No es el frío en sí; es saber que hubo algo más. El cuerpo aprende rápido. Y no siempre quiere olvidar.
Ya no soy la misma que conociste. Eso es cierto. Se rompió una estructura y tuve que armar otra. Ahora hay paz donde antes había tormenta. Hay control donde antes había impulso. Hay propósito donde antes había vértigo. Soy más consciente, más contenida, más adulta. Aprendí a no desaparecer dentro de alguien. Aprendí a sostener mi propio peso emocional sin pedir que me carguen. Hay una versión más firme de mí que nació después de ti. Y funciona.
Y, sin embargo, en el centro de esa firmeza hay algo que no se llenó. No es dramático. No sangra. Es más silencioso que eso. Es un espacio con tu forma exacta. Un hueco que no exige, pero permanece. Tu nombre aparece en mis futuros como una posibilidad que nunca terminé de descartar. Cuando imagino mi vida, en algún punto de la imagen estás tú. No siempre al frente. No siempre cerca. Pero tampoco completamente ausente.
A veces me pregunto cómo sería volver a mirarnos. Si el reconocimiento sería inmediato o incómodo. Si sentiría lo mismo o si solo estaría buscando confirmar que lo que pasó fue real. Sigo teniendo la sensación de que esto no empezó donde creemos. Que hubo algo anterior, una familiaridad difícil de explicar. No he sentido eso con nadie más. Y he intentado racionalizarlo hasta desgastarlo. No desaparece. Solo cambia de volumen.
Sé que la respuesta no está afuera. Sé que no hay mensaje que vaya a ordenar lo que todavía se mueve dentro de mí. Lo entiendo. Lo trabajo. Me hago responsable. Pero la lógica no gobierna todo. A veces, sin razón clara, siento tu aroma en lugares donde sé que no puede estar. Y mi cuerpo reacciona antes de que mi mente intervenga. Como si una parte de mí todavía respondiera a tu presencia.
¿Te hablo? La pregunta aparece y se va, pero nunca del todo. Me cansa hablar contigo en mi cabeza. Ensayar posibles respuestas. Imaginar escenarios donde todo se acomoda o termina de romperse. No sé si buscarte sería honestidad o simple nostalgia disfrazada de decisión. No sé si quiero resolver algo o comprobar que todavía me reconoces.
Solo sé que el frío volvió, pero ya no es el mismo. Ahora tiene comparación. Ahora tiene memoria. Y cuando pienso en el calor, no pienso en cualquiera. Pienso en ti.
Deja un comentario